Mi Campo de Girasoles

jueves 10 de diciembre de 2009

NAVIDAD TODO EL AÑO


No soy muy dada a las celebraciones navideñas. Uy… no, no se lo va a creer nadie si lo digo de esa forma… lo intento de nuevo: soy muy dada, dadísima a cualquier tipo de celebración, entendiéndose por celebración todo lo que suponga un festejo, un bailoteo, unas risotadas, unos licorcillos y un etcétera que se prolongue preferiblemente hasta el alba. Vale. Lo que no soy es muy navideña, es más, ya tampoco me gusta decir que la navidad no me gusta. En los últimos tiempos parece que se ha ido formando un nuevo grupito social que anda entre lo alternativo y lo poco convencional pero con un respaldo económico considerable o, por lo menos, decente. Este nuevo grupo es el que en cuanto ve las primeras bolas rojas y las guirnaldas en los escaparates dirá “Oh, por favor… la navidad… qué tontería, qué materialismo… me pone de un triste…, no me gusta nada la navidad…”, algunos hasta culminarán la sentencia con un “de nunca!”. Así es que yo tampoco soy de ese grupo, ese grupo seguirá visitando durante días las tiendas con las guirnaldas y las bolas, celebrarán la cena navideña de empresa, comprarán con afán de superación los regalos de reyes a sus hijos y los más snobs, comprarán también los regalos de Papá Noel…, rellenarán un pavo y cocinarán un consomé, disputarán con fastidio ( porque no les gusta la navidad, claro…) si la noche del veinticuatro van a casa de Cuca o a casa de Borja y lo que es peor, seguidamente a las campanadas, para las que habrán comprando uvas de lata, soplarán un matasuegras ridículo con cara de asco ( por los cojones ) y les dirán a todos que los aman…



Lo dejo por tanto en que no soy muy navideña. Mentiría si digo que a mí no me gusta la navidad “de nunca”, joder, ¿a qué chiquillo no le gusta la navidad? No sabías a cuento de qué venía todo pero, de repente, dejabas de ir al colegio, en la tele ponían unas películas para flipar, tu madre te colocaba una bandeja delante de tu cara con unos dulces y unas cosas que milagrosamente llegaban a tu casa una vez al año, además estaban esos anuncios de juguetes, cielo santo, te dejaban hacer hasta una lista…., luego, otro día, te levantabas en pijama corriendo como un energúmeno y al ver todo aquello te sentías el niño más maravilloso del mundo aunque de tu lista sólo encontraras un regalo, daba igual, había muchos más; por no hablar de aquella noche en la que los mayores nunca tenían sueño y reían y eran amigos de todos los vecinos, y los hijos de los vecinos correteaban por tu casa, y los mayores se divertían dándote a probar algo con burbujas, y miles de y… y… y…., era como vivir dentro de una peli de Spielberg… Claro que me gustaba, cómo no me iba a gustar…



Ahora no soy navideña porque lo que no me gusta es ir a buscar todo aquello y no encontrarlo. No creo que nadie se dispute en qué casa meterme el día de Nochebuena, el de fin de año con algo de fortuna se convertirá en otra noche más de botellón, no voy a rellenar un pavo para tres ni voy a decorar la casa porque eso nunca lo hice yo, no voy a enviar ristras de sms divinos porque la divinidad luego no va a venir a pagar mi factura de móvil… Digamos que yo vivo una navidad constante y quizás por eso, ya no veo en la navidad puntual, la de diciembre vamos, lo que otros ven, entre otras cosas porque en los últimos años todo cambió demasiado a mi alrededor y eso me hizo ver que navidad puede ser todo el año. Cuando regalas un beso en la frente, cuando extiendes la mano, cuando preparas comida para quien no sabe o no puede, cuando cantas y bailas para que los tuyos sonrían, cuando te acuestas rendida después de dejarlo todo impecable, cuando te levantas como aquel niño energúmeno que fuiste únicamente con la ilusión de vivir otro día, cuando aprecias los regalos que la vida te va dejando debajo de árboles navideños disfrazados de cualquier cosa… es navidad.



Este año mi única preocupación será cómo hacer para tomarme las uvas a la vez que se las doy a mi madre, así es que no puedo permitirme ningún sentimentalismo navideño que me haga perder la coordinación y sobre todo, mi sentido del humor que es lo mejor que tengo, además, creo que puede ser hasta divertido… si a uno solo ya le cuesta engullir la frutita de los huevos como si fuera un hámster no me quiero imaginar a dos manos cómo tiene que ser la cosa… lo grabaría, pero como soy un desastre, me dejé robar la última cámara... ah, bueno, se la pido a los reyes… ay, no, joder, que los reyes son los padres…jjjjjj

sábado 28 de noviembre de 2009

Y SI UN DÍA YA NO SONRÍES...?


Escribir algo alegre en un día medianamente triste. Y qué? no se puede? es delito? Ja. Últimamente mi vida gira en torno a la ley de la balanza. Equilibrio. Pies sobre el suelo, o sobre la cuerda, o la arena, o las brasas… pero derechos y firmes. No ha de faltar equilibrio. A veces uno crece a una velocidad vertiginosa, da miedo. Cuando se mezcla lo amargo y lo dulce tampoco es para tanto, no ha de desembocar en culpa, de hecho, el cerdo agridulce es un plato de excelente sabor… todo es cultural, educacional y, en el peor de los casos, vocacional. El tabú a mezclar el tocino y la velocidad, lo cortés y lo valiente o las cifras con las letras. Cuánta ignorancia hay en eso… cuántas restricciones y qué montón de prejuicios. La ley de la balanza va de la mano con la ley de las puertas colindantes. Cierras, abres, cierras, abres, cierras, abres… qué abanico de puertas, qué pasillazo lleno de ellas, qué intriga, qué expectación, qué cuelgue, qué bueno… qué satisfacción da girar un pomo para siempre sabiendo que tienes hasta el infinito muchos más por abrir… es como el chiste del niño baboso, niño, cierra la boca que se te caen las babas…, no importa, tengo más… y tanto.


Hoy me quiero reír del mundo. Ja, ja y mil veces ja… a pesar de que lleva años conspirando contra mi, sólo ha logrado que mi alianza con el sarcasmo que probé en la teta sea aún más poderosa… a menudo la gente sarcástica es tachada de fría, cruel y calculadora de una manera injusta. No hay nadie con mayor sentido del humor que aquel que sabe manejar este género, el error viene cuando el sarcástico enfoca y descarga lo que este sentimiento le produce sobre la desdicha de otros pero, a menudo también, el sarcástico es inteligente, aunque ininteligible en ocasiones, y proyectará su risa únicamente en su cerrar y abrir de puertas, en sus miles de vueltas locas por los corredores de su existencia y en la parte trágico cómica de su existencia tan particular, como la de todos, vaya.


Como sarcástica nata, hoy me reí. De mis puertas cerradas y de las que dejé entreabiertas, de las que pretendo abrir, de las que cerré en silencio para no despertar al que duerme y quedaron encajadas, de las que tendré que derribar con el lomo y de las que jamás miraré siquiera a causa de las prisas. Como sarcástica nata, hoy me reí llorando, llorando mientras mi risa se traduce en letras de las que tú lees y como sarcástica nata también, jamás sabré si estoy feliz o triste pero siempre estaré orgullosa de saber que estoy viva.

viernes 20 de noviembre de 2009

EL SÍNDROME DEL ESCARABAJO PELOTERO


Durante años me lo creí. Sabía que había otras cosas, otras maneras de pasear, otras tiendas, otras caras, otros catetos disfrazados de gente normal, otros trabajos y otra forma de hablar y expresarse. Más que fe en lo que tenía era resignación, resignada a mis catetos, a los que me habían visto nacer y me seguían en mi crecimiento, a quienes me ofrecían un nada ataviado de un todo, a quienes pretendían contagiarme con su dialecto ininteligible y con su fervor por lo chabacano que, paradójicamente, suele ser lo más importante en la vida. Intenté acoplarme porque no me quedaba otra, me acoplé, suelo tener esa capacidad para parecer un camaleón silencioso donde quiera que me encuentre… hasta que saco la kilométrica lengua, claro… y es ahí cuando se me nota el desasosiego que me produce no ser profeta en mi pueblo, no compartir la histeria jocoso festiva que defienden todos los que defienden a su tierra, todos los que la promulgan y promocionan con desesperación y hasta perdiendo los argumentos. Y no sé cómo supe que no era de aquí, ni de allí… al principio, me desconcerté, sobre todo porque me auto inculpé como una estirada, una mariquilla disfrazada de alguien, una renegada de la tierra que me forjó, para bien o para mal. Como cualquier cambio, violento o no, aquello se procesó como debía, y ya está. A día de hoy, el término renegada ya no me resulta peyorativo, me agrada, y resulta que me agrada porque me otorga el poder de decidir, de decidir ahora que puedo hacerlo. Uno no decide dónde ha de nacer pero lo interesante llega más tarde, cuando libremente optas por sentir. No me siento de “mi ciudad” ni de ninguna otra, simplemente porque no quiero o, con redundancias incluidas, porque no lo siento. La cosa está en que no me siento de ninguna parte y eso hace que me proyecte grande, inmensa y sobre todo, libre. No quiero etiquetas que hagan referencias geográficas, al menos para mí. Me angustia ser “la sanluqueña” porque me angustia el ritmo vital absurdo de esta ciudad, su velocidad de raciocinio a la hora práctica de resolver cualquier asunto ya sea económico, cultural, social o personal es directamente proporcional a la manera que “mi pueblo” tiene de manifestar a los cuatro vientos su afán por seguir dando más importancia al arraigo pueblerino y poco innovador en el que únicamente prevalece lo gracioso, lo llano, lo cercano y “lo de toda la vida”, en definitiva, que tendemos al catetismo – y me incluyo porque así lo refleja mi padrón – con la misma rapidez, resignación y en la única dirección posible que lo hace el agua por el orificio del lavabo ( al menos en esta parte del mundo. Leí una vez que en otro hemisferio el agua se pierde por el desagüe hacia el otro lado…)…


A pesar de todo esto, la decepción que no la desidia, habita en cada una de las ciudades que conocemos y que podamos llegar a conocer algún día. Es harto sabido el confort que todos hemos apreciado alguna vez tras un viaje, incluso de placer, cuando febrilmente aporreados por el sueño, el cansancio y la satisfacción de haber disfrutado, cruzamos dentro del coche el límite que nos lleva a través de una autovía ruinosa o una entrada tercermundista en mi caso a las entrañas de las casas donde fueron cambiados nuestros primeros pañales. Qué alegría da, o qué tranquilidad, o qué seguridad o, o yo qué sé, no sé cómo llamarlo, pero es un alivio amargo con ápices de síndrome de Estocolmo. Te jode y te gusta, bueno no, el orden es te gusta y te jode, lo primero es lo primero, lo inicial son los sentidos, siempre. Y te jode finalmente porque sí, porque vuelves al mismo sitio, al sitio que, como perro apaleado por el amo, vuelve a abrirte los brazos, aunque vengas de visita tras muchos años, aunque vuelvas de haber cerrado exitosamente un fabuloso negocio, aunque vuelvas de ver a un doctor que te dio una mala noticia, aunque vuelvas de una entrevista de trabajo que presagiaba al fin tu huida de tus orígenes y que desembocó de nuevo en mar vacío… da igual de donde vuelvas. Vuelves a tu pelotita de mierda, vuelves al tesón de hacerla cada vez más y más grande sin apenas levantar la cabeza y sin la posibilidad de mirar a los lados, la manejas a tu antojo o, al menos, eso crees, ¿ acaso el escarabajo sabe con tanta mierda alrededor suyo en qué momento se topará con un árbol o una piedra o un agujero o un abismo?, el escarabajo no ha de saber tanto, no fue educado para eso, sólo ha de amasar su bola pestilente y hacerla rodar. Sólo de vez en cuando, entre muchos, destaca un escarabajo que suele ser el que hace la bola de mierda más grande de todas para, finalmente, engancharse a ella, dejarla rodar y escapar. El escarabajo seguirá modelando su bola en su nueva finca… yo espero sacudirme la mierda de las patas en cuanto llegue.

martes 10 de noviembre de 2009

SENCILLAMENTE IMBORRABLE


Las reminiscencias olfativas me fascinan. Las reminiscencias en sí son fascinantes pero, las que proceden de sensaciones tan puras e íntimas como las del olfato de cada uno son simplemente maravillosas. Sin ir más lejos, el otro día, sumergida en los sudores y sonidos pedantes de un autobús vino a mí un olor que, cuando menos, me hizo suspirar. Olía a lápiz recién afilado, me refiero a ese olor que deja la madera o su sucedáneo tras deslizarse en un sacapuntas de plástico , seguramente un Stadler… tanto te atrapa una sensación olfativa de ese tipo que ni siquiera reparas en la absurda concatenación de hechos que ha forjado la posibilidad de que precisamente tú, en un autobús cualquiera, puedas percibir ese aroma tan fuera de contexto por otra parte… sencillamente lo notas y te recreas en él, son sólo segundos, o milésimas la mayor parte de las veces, pero el poder sensorial te impide preguntarte por qué huele a eso en un autobús de línea y sin tregua, a la velocidad de la luz, te lleva a lugares en los que ya estuviste, a situaciones que ya viviste y al mundo que ya abandonaste. Es realmente lindo. Es precioso sentir el olor de una muñeca sintética que te esperaba una mañana de Reyes o recordar cómo huele y hasta cómo sabe una goma Milán, de las de toda la vida… en realidad, ni te acuerdas de la goma, no la proyectas ni de color verde, ni blanco o de ese otro color que había que era una mezcla nefasta entre rosa y marrón, lo que ves ni siquiera lo ves, lo notas y ya está, te llega a los ojos, a la mente, a la nariz y a los poros… hasta hueles el suavizante del babi… me encanta. Me encanta ese poder a lo “máquina del tiempo” que a veces puedo tener. Siempre recordaré, por ejemplo, el olor de un juguete absurdo que tuve. Era un conejo amarillo de goma, feo como él solo, con dos ojos saltones insolentes y un orificio en la base de sus cortas patas por el que salía ese sonido ridículo y característico que llevan los muñecos de los perros… pero olió a goma bendita desde el primer día que cayó en mis manos hasta que lo perdí de vista… que, dicho sea de paso, no recuerdo cuándo fue. El caso es que hace ya de esto la friolera de treinta años, mes arriba, mes abajo, y, si me concentro y respiro en serio, es decir, dejando ventilar mis pituitarias, puedo oler al puto conejo… y voy hasta donde él está, al suelo de lozas blancas y negras, algunas levantadas y rotas y que cortaban como un puñal, y vuelvo allí, a mis piernas morunamente cruzadas, a mi culo helado sobre el piso, a mis zapatos con veinte capas de kamfort manchándome de negro la parte interior de los tobillos en los calcetines blancos de hilo, a mi conejo plasticoso y amarillo hablando con voz de niña de tres años y al sonido de la olla de puchero de fondo… pero sin lugar a ninguna duda, lo mejor son los olores reminiscentes espontáneos. Yo los llamo así. Son esos que vienen de pronto, sin buscarlos y que te llevan a mundos increíbles y que parecían lejanos pero que en realidad siguen ahí, ahí mismo, lo que ocurre es que están prudentemente escondidos en uno, cediendo el paso a las nuevas vivencias como veteranos humildes y modestos pero que, a veces, como espíritus encadenados al mundo que pisaron, te recuerdan lo bonito que puede llegar a ser el detalle más ínfimo de cada una de las cosas.

martes 3 de noviembre de 2009

DULCE POR DENTRO, AMARGO POR FUERA...


A veces la vida se antoja dulce y toma la forma de un bombón austríaco. Es bonito saber que las cosas buenas que en su día vistieron un disfraz menos bondadoso se desvisten y vuelven a su sitio. Es entonces cuando el tiempo se vuelve tan subjetivo que llega a perder valor y donde había un puente ruinoso de más de ochocientos días se eleva una plataforma sólida construida únicamente con sinceridad, cariño y lealtad a uno mismo. Creer en la amistad es precioso, comprobar que existe es una experiencia mística semejante a la satisfacción del labrador que, mientras esboza una sonrisa suave y robada por la sorpresa, observa tras días infértiles su huerto tornado a verde.

viernes 30 de octubre de 2009

ACTUAL MIERDA


Lo que a continuación paso a relatar aconteció más o menos al principio de caer yo en paro, sí de caer, es como caer con gripe, o con varicela o con algo así… no quieres pero sabes que ha de llegar. A pesar de que ya he tenido, o tuve, quien sabe, trabajos diversos a lo largo de mi vida, el último año y pico me lo pasé atendiendo llamadas telefónicas con cascos y todo, vamos, que era teleoperadora toca huevos, de esas que mientras te atienden mascan chicle y se pintan las uñas, con la salvedad en mi caso de que yo era eficaz, y digo esto, entre otras cosas, porque tras el despido nadie me reconoció como tal, pero carajo, lo soy, alguien tiene que decirlo y no seré yo la que me tape la boca… así es que tras aquella etapa comencé de nuevo ( tendría que haberlo hecho durante, pero bueno…) a buscar algo digno. Evidentemente, a lo que optaba según experiencia era a más de lo mismo aunque, ahora que lo pienso, no era tan evidente, teniendo en cuenta que fui durante un año larguete teleoperadora toca huevos pero durante nueve administrativo… ya me podrían haber llamado para pagar facturas y hacer balances, pero no… el horno no está para bollos y el mercado no está para dar trabajo, así que me llamó una empresa super espectacular, de estas que publican cada día ofertas maravillosas en Cambalache, Infojobs, Infoempleo, Trabajos.org y en el chichi de su prima, vamos, una empresa no, un empresón. Relaciones públicas decían los muy zorros. Querían relaciones públicas, personal para la atención al cliente, personal para almacén, personal para pitos y personal para flautas, el gangazo. Pero tenía que ir. Cuando no hay si encima optas por no asomar la nariz por lo que ya intuyes que es una reverenda mierda la culpa te puede, así que fui. ACTUAL MARKETING en mayúsculas. Aún no sé de qué forma contundente les puedo dar por el culo, pero sí, se hacen llamar así. Error número uno: me citan a las 10 y me atienden a las 11 y 38… uuuuuuu, mal…; error número dos: me atiende una gachí poco femenina, entre nórdica afincada en la península y mujer muy feliz, demasiado feliz para mi gusto, no me gusta nada la gente muy feliz, me alegro por ellos, de verdad, pero no me gustan, simplemente no me lo trago… ella empezó como yo, me dice y ahora me entrevista a mi…. Oooooohhhhhh, qué categoría, qué prestigio, qué caña de tía… ¿de verdad empezaste como yo? Siiiií??? cogiendo tres autobuses para llegar hasta justo delante de tu irreal cara nórdica y escucharte decir eso??? mmmmm, no sé, pero bueno, si tú lo dices… el oro y el moro no tardaron en llegar y con ellos se me levantó una ceja, que es lo que me suele ocurrir cuando me cabreo de muerte o cuando me muestro expectante… y tan expectante estaba que cedí a su proposición de contemplar in situ el modus operandi, resumiendo, que volví el lunes como candidata privilegiada entre unos sesenta gilipollas más para pasar con ellos parte de su jornada laboral antes de formar parte de aquella secta, uy, de aquel grupo de trabajo, perdón. De nuevo tengo que esperar, esta vez saco mi libro del bolso y me relajo taco, al sexto girar de página ya se me había olvidado dónde estaba… me nombran, me levanto, cruzo una puerta. Me recibe el que podría ser mi hijo pero con corbata de boda y traje del Zara, me aborda, me da dos besos y se presenta, me toca los cojones... dos besos???? Dame la mano, cabrón, como mucho, vaya… “ella es fulanita de tal” me dice mirando a la que tiene al lado ( mi otra hija, vamos, una niñatilla que aún no ha aprendido siquiera a depilarse las cejas…) “y vas a acompañarla hoy a tal sitio para que veas lo que hacemos, volveremos todos aquí a las seis…, vale?”, pues no, gilipollas mal vestido, no vale. El tal sitio era otra ciudad, y las seis de la tarde distaba como unas siete horas de la hora regente… lo que vino a continuación fue un diálogo de besugos al que afortunadamente yo puse fin. Fue más o menos como “¿y qué voy a hacer allí?, acompañarla… mmm, Y para qué la voy a acompañar?, para ir allí…” un caos, un círculo verbal, un ocultismo espeluznante… esto se repitió por dos o tres veces hasta que le dije al púber “mira, para ya, no voy a ir de puerta en puerta acompañando a esta muchacha y viendo como intenta perder calorías pretendiendo vender lo invendible, así es que no, no me interesa y me largo”. Lo siguiente fue rebote mortal. El niñato creo que hasta me deseó mala suerte, en concreto escupió un “que te vaya bien” rozando el sarcasmo, rozándolo porque deduzco que era incapaz de elaborarlo plenamente en su cabeza llena de música techno, mensajes del Tuenti y botes de Clearasil… “la que me merezco, la que merezco tendré, fijo…” dije con mi cara de la espalda pero con voz rotunda. Al salir a la sala donde el resto del ganado esperaba el momento de la descarga paré a hablar con Pili. Pili era una señora a la que conocí el primer día y que, igual que yo, fue citada una segunda vez. Quería comentarle a Pili entre ironía, maldad e indignación el timo que tenían montado esta gentuza, claro que, a Pili tampoco le hacía falta porque también era perro viejo. La niñata a la que supuestamente yo tenía que acompañar me increpa intentando adoptar un tono autoritario que no le sale y dice “habla con ella luego, luego afuera, vamos, te acompaño”….. ( si llego a respirar un poco más rápido en ese momento, directamente le parto la cara )... alcé la voz, felizmente, como la machorra de la primera entrevista, igual de feliz, me refiero a que lo que hice fue reír, reír de asco y decirle “no tengas miedo chiqui, es mi amiga y lo único que voy a contarle es la receta del pollo al chilindrón, no le voy a decir que corra con sus hijos y se aleje de esta mierda porque eso ya lo sabe ella, como también sabe que desde hace años y años disfrutamos de libertad de expresión y podemos hablar en grupos después de las diez de la noche… ah! y no hace falta que sea en la calle, lo puedo hacer aquí si me da la gana”. Después de mi frase se levantaron cuatro y salieron por donde vinieron. Me sentí como Gandhi. Al cabo de muchos, muchos, muchos días, semanas quizás, cuando creí que aquello estaba zanjado, recibí un email que copio tal cual:

To: ( mi dirección de correo, claro )

Subject: Carta-respuesta trabajo demanda .doc

Date: Tue, 26 May 2009 11:45:29 +0200

ACTUAL MARKETING S.L.

Hemos revisado satisfactoriamente su curriculum vitae y nos gustaría que se pusiera en contacto con nosotros para comentarle los puestos y proyectos de la empresa en una entrevista personalizada. Si desea, puede contactar con nosotros llamando al 956 081456 para darle hora y día de entrevista, a partir del próximo día 26 de Diciembre del 2008.


Llamar de 09’00/h a 18.00 horas ininterrumpidamente.
Esperamos su respuesta lo antes posible ya que estamos en un proceso de selección de personal.

Gracias por su atención

Atentamente
Miriam Lopez




y al que yo contesto de la siguiente forma:

From: ( mi correo, claro está )


Subject: RE: Carta-respuesta trabajo demanda .doc

Date: Thu, 28 May 2009 22:01:19 +0200


En respuesta a vuestro email estándar y sin sentido ( entiéndase por estándar el mismo email que mandáis a todos los que recurren a vosotros para encontrar un puesto de trabajo digno ) comentaros que no sólo ya me enviásteis en su día este mismo correo sino que además estuve en vuestra "entrevista" extraña en la que me citábais a una hora y me recibíais dos horas más tarde y que además fui convocada posteriormente para comprobar a qué diantres os dedicáis, sin haberme quedado nada claro aún, por cierto. Ya os manifesté aquel día mi descontento por vuestra forma de trabajar y de querer enganchar a la gente normal así como así además de mi afán sin tregua de alejarme de vosotros lo más rápidamente posible. Resumiendo, no sé como ofreciendo tantos puestos de trabajo y tan buenos en medios tan cercanos a todo el mundo como Infojobs o el propio cambalache, luego no tenéis a una persona en administración que revise a quiénes ya se ha llamado, quiénes quieren "trabajar" con vosotros o quiénes simplemente, como yo, obvian la idea de meteros un puro por lo rastreros que sóis. Si habéis llegado hasta esta parte del correo, muchas gracias por la atención prestada y reciban un cordial saludo,


Núria Macías Castillo


En fin, que mientras haya economía sumergida y empresas, por llamarlas así, que utilizan a la gente ( porque está claro que el que entra aquí a los cuatro días se va y da paso a otra hornada de necesitados ) no saldremos de la crisis jamás. No soy listilla ni lo pretendo, sólo me comunico con el mundo a través de este espacio, yo no hice nada con este asunto porque no sé muy bien cómo hacerlo, pero creo que es necesario denunciar, atacar y defender o, por lo menos, contarlo. Es más, acepto sugerencias e incluso las reclamo, más que nada para que cada uno tenga lo suyo o, mejor dicho, lo que se merece, que fue lo que le dije a aquel chaval de instituto disfrazado de yupi mediocre. Sólo quiero optar a lo mío siempre y cuando cada uno también lo haga.

jueves 22 de octubre de 2009

LA SOMBRA QUE CREÍ VER UNA VEZ


Cuando a duras penas y en contadas ocasiones sonríes, y yo puedo contemplarlo, vuelven a mis fantasmagóricas retinas aquellos recuerdos de muñecas recortables y tardes después del colegio que tanto me llenaban el alma entonces, sin que pudiera apreciarlo antes, y que no menos lo hacen ahora dejándome un saborcillo dulzón y amargo que sólo dura segundos… cuando no sonríes, la mayor parte del tiempo -diría yo siempre con la cara asomada en el dintel de una puerta y el cuerpo dentro- te siento como a un extraño, el extraño asiduo, el extraño de cada día, el extraño que vive en casa, el extraño que siempre fuiste… a lo mejor porque así lo deseas o, a lo peor, porque así lo entendimos. Me temo que lo deseas… ya lo entendí hace mucho y lo respetaré mientras vivamos, ya no sé quién se marchará primero… lo de “por ley de vida” lo pasé por alto puede que justo cuando biológicamente me hice otra, aunque tú no te dieras cuenta. No creo en nada que por lógica haya de ocurrir por ley de vida, la vida carece de leyes y las leyes las imponen quienes quieren confiscar la vida, por tanto, pese a lo reiterativo, la vida carece de leyes. En ese caso y, únicamente por la no ley de la vida, puedo marchar antes yo. Me iré altanera ante ti y apenada al tiempo. Me iré orgullosa y triste a la vez, me iré como ya hace tiempo que me fui… ¿lo has notado? ¿te pesa? ¿harás algo para recuperarme? Por más que miro tus ojos gastados no veo más que tu ombligo, a veces vislumbro un resquicio de aquello que fuiste cuando febril e impulsivamente quisiste que entrara en tu vida, pero es tan leve que, finalmente esa nube que irradia cada uno de tus iris azules, me vuelve a llevar a tu barriga senil, a tu epicentro, a ti, a ti como el extraño que habita en casa, a ti sin más… entonces veo las banderas caer, el saludo solemne a los que yacen en el suelo, mis armas mutiladas y roídas… y vuelvo a asumir mi derrota, otra batalla perdida… no quisiera que fuera la última, por desgracia no es la primera pero aún tengo fuerzas para más. No sé cuánto durará la cosa. Existe ya la batalla de los 100 años…, yo no creo que viva tanto porque, por si no lo sabes, no me cuido demasiado, pero presagio años de lucha basándome en la experiencia, claro…aún así, amenazo con más de lo mismo, siempre que mi liviano corazón emita un bombeo que me permita mirarte, enjuiciarte, en relativas proporciones entenderte y, finalmente, esperarte. Ni Penélope lo fue tanto…, jamás creí tener tanta paciencia, yo lo llamo paciencia que rima con carencia -sé que es otra cosa- ... yo carezco, tú careces, él carece… todos carecemos. Yo lo analicé, tú no lo analizaste. Yo lo intenté, tú no lo intentaste. Yo persistiré… mientras tú sigues observando tu ombligo de anciano que se pierde dentro de ti, o en lo que queda dentro de ti, surcando enfermizamente círculos cada vez más cerrados y yo, tejiendo mi bufanda, aún sigo construyendo figuras de arena seca y fina que se desmoronan en su intento de ser la versión real del extraño conocido que un día me hizo sonreír con diez pliegos de muñecas recortables como sólo un padre podría hacerlo. Gilipollas.