Mi Campo de Girasoles

viernes, 8 de diciembre de 2006

SIEMPRE HE ESCRITO


Siempre he escrito. Desde que sé escribir, claro, entonces… no siempre he escrito. Empezaré de nuevo: desde que aprendí a escribir, siempre he escrito ( ahora sí ). Creo que el vínculo entre lo que escribo y lo que siento es y ha sido siempre directo en cada momento de mi vida. Las palabras en el papel han sido para mí una prolongación pericárdica ( pericardio: envoltura del corazón, que está formada por dos membranas: una externa y fibrosa, y otra interna y serosa ).

Sé que todos nos sentimos especiales, no seamos modestos, es así; y en concreto yo, siempre he sentido que el corazón se me desbordaba… es decir, que tenía y que tengo mucho que dar, que decir, que expresar, que contar…, la mayor angustia de mi vida es quedarme las cosas dentro, no puedo, se me acaban enquistando y reviento… padezco incontinencia emocional, no cabe duda.

Comencé a escribir pequeños textos en la adolescencia. Los escribía, me desahogaba y luego los tiraba. Por supuesto tuve un diario, si no quince, qué sé yo… tuve muchos diarios. Aún conservo alguno de ellos, nadie sabe dónde se encuentran, aparte de mí claro, y sin ninguna duda, todos esos papeles escritos son parte de mi corazón. Un corazón pueril, inexperto y que ya escupía palabras por sus cuatro costados. Entre lo que escribía antes y lo que escribo ahora sólo dista el hecho de que antes guardaba mis diarios como si del “manuscrito carmesí” se tratara, y ahora escribo con la esperanza de que mis palabras lleguen a alguien o a muchos. Las personas que somos así, y no sé definir “así”, lo pasamos mal a veces. Es como si no te bastara con vivir de manera normal y corriente cada día, nunca te sientes satisfecho porque sabes que no has mostrado todo lo que tienes dentro, y además, sabes que los demás también guardan cosas y no las enseñan y eso te frustra, y adviertes que el día que ha terminado ya no vuelve más y sólo por eso quieres decir al mundo entero, y a algunos en particular, cuánto te gustan los girasoles, o cuánto odias que no te miren a los ojos cuando les hablas, o cuánto amas a tu madre, o lo vivo que te sientes cuando el aire frío de diciembre te atraviesa los pulmones al atardecer, o cómo echas de menos a esa persona que ya no está contigo, o la complicidad que existe entre tu perrita y tú, o cómo hoy recordaste un olor que te transportó a tu aula de preescolar plagada de tijeras de punta redondeada… Necesitas contar a la humanidad cómo te sientes cuando te sientas en la playa a contemplar una puesta de sol y acaricias con tu mano la arena fría, necesitas que sepan cómo se te revuelven las tripas de emoción cuando oyes esa música tan especial para ti, necesitas un sitio donde soltar todo lo que cae rebosante de tu corazón… y los que somos así, necesitamos escribir para que nada de eso se pierda y para que otros al leer comprendan que nuestra existencia no tendría sentido si no pudiéramos compartirla con todos los que nos rodean y nos quieren, y que expresar lo que sentimos tendría que ser una asignatura troncal en la vida.