Mi Campo de Girasoles

viernes, 11 de junio de 2010

IMPERDONABLE


Desde la antigüedad el número trece ha sido considerado de mal augurio. Desde la antigüedad el número trece ha sido considerado de mal augurio. Desde la antigüedad el número trece ha sido considerado de mal augurio. Esta era la primera frase con la que empezaban los textos que me harté de escribir en las clases de mecanografía. Cuando empecé dicho curso, tenía las uñas largas, larguísimas, como las de Alaska en sus mejores años, así es que rápidamente me acostumbré a escribir como una bala con mis garras y todo. Me daba mucha rabia cuando se me rompía una uña, porque, por aquel entonces los teclados no eran como los de ahora y llegaban a partir uñas… y no es que yo sea muy vieja, que todo hay que aclararlo, es sólo que la enseñanza pública no invertía tanto en informática como lo hace ahora, de hecho, la primera vez que pude ver un ordenador funcionando con internet lo hice acompañada de cinco compañeros de clase más. Se puede decir que únicamente asomé la nariz por la pantalla, pero, aún así, me resultó sorprendente comprobar cómo un chaval de mi barrio se enviaba mensajes absurdos con algún otro que se encontraba en Ohio… y a tiempo real!!! A lo que iba, que para presionar las teclas durante las lecciones de mecanografía, había veces que te daban ganas de pedir un martillo y un cincel al profesor, bueno, profesora, porque por alguna razón en la que prefiero no ahondar para que no me salte mi vena feminista, las lecciones de mecanografía han venido impartiéndose durante décadas por mujeres que, a su vez, enseñaban a otras mujeres o, como mucho, a algún gay ( “mariquita” en aquel tiempo…)

Hoy, escribo estas líneas, recordando aquellos días en los que dejé a un lado la Olivetti heredada de mi abuelo, que posteriormente mal vendería mi padre sin ni siquiera avisarme y provocando en mi una iracunda oleada de amor propio, puesto que me cargué todo el proyecto de fin de curso dejándome las epiteliales de ambos índices en aquellas teclas, por no hacer mención al daño que suponía el hecho de que se te resbalara uno de estos dedos entre las letras… Estaban fabricadas de acero duro, del bueno, no me cabe duda, y eran afiladas las varillas que sujetaban cada una de las letritas pintadas en blanco tímido sobre un verde cacería imposible y bendito. Dedo que caía entre ellas, dedo con pellejo levantado.

El olor de aquella máquina era espectacular, aún no estoy segura si lo que olía de aquella forma era la cinta de tinta o la máquina en si misma, pero puedo recordar que cuando sonaba el “ting” del tope de la hoja el aroma se pronunciaba… adorable mi Olivetti. Adorable y maldita… maldita porque por su culpa realicé un trabajo que podría haber hecho en quince tardes probablemente en el triple de ellas, si no más… así es que, cuando acabé el trabajo y lo entregué y discutí con quien me evaluó porque me quitó un punto en mi calificación únicamente porque mi texto estaba escrito en “máquina antigua” ( por supuesto, luego, la susodicha calificadora me otorgó mi tan merecido punto de menos, menuda soy… ), metí la máquina en su funda burdeos que parecía la de un acordeón de lo grande y pesada que era, y, como pude, la arrastré hasta debajo de una cama.

A menudo me la imaginaba decorando la casa que aún no he tenido, con un poto o una maceta de cintas salvajes justo a su lado… pero una tarde me dio un pálpito… de esos que me dan a mi… y me puse de rodillas al lado de aquella cama… y agaché el torso y miré abajo… mierda! no estaba. Ole mi padre. La vendió por tres duros y a mí me arrancó un cachito de mi esencia. Lo mismo pensó que era suya… claro, era de su padre, mi difunto abuelo… legítimamente, era el heredero más inmediato del aparato en discordia. Sin embargo, las máquinas de escribir tienen alma, estoy convencida. Era más mía que suya porque yo le entregué muchas tardes y ella me dio a mi otras cuantas, porque yo le arrojé entre sus teclas migas de pan y burbujas de Coca Cola, porque ella me hizo salir a por más tinta y a por Tipp-ex de brocha, porque yo le ajusté los márgenes y le dicté los espacios, porque ella me miraba cada noche cuando me tumbaba en la cama y esperaba impaciente a que yo la hiciera latir… y ella latía para mi, era mía, coño. Tanto me dolió que nunca saqué el tema. Se ha vendido? vale, pues la ha vendido y punto. Y eso, punto. Punto en boca. Punto y aparte y empuja el carrete. Punto y final y saca el papel. Punto.

Y llegaron los teclados amarillentos con sus “Num Lock” y sus “Caps Lock”… y sus “Supr” y sus “Av Pág”… y sus me voy a dormir o me voy a hibernar… y sí, volví a escribir como una bala, pero me sentía disfrazada de Caballero del Zodíaco o de la visitante televisiva de la Neutrex Futura… me costó adaptarme y me resultó duro cambiar el olor a tinta y aceite por el olor a muñeca nueva y a zapato de mercadillo… finalmente, cedí, tuve que hacerlo. Me juré, sin embargo, que jamás caería en la comodidad de dejar que otros corrigieran por mi… y menos aún un “otro” invisible que andaba metido en algún lugar recóndito de las entrañas de mi ordenador haciéndose llamar Corrector de Word o algo así y que, a diestro y siniestro, me lo iba pintando todo de rayitas rojas… y onduladas, como las patatas… no, no, eso no… y no.

5 Comments:

At 11:40 p. m., Blogger ...ॐ Rubi ॐ... said...

...Yo sigo conservando la Olivetti de mi madre!!!...EN casa la llamamos "la Fletcher"...no a mí madre, si no a la máquina...jojojojo...
Uffff...me encanta el olor al abrir la funda...y me encanta el olor a tinta "enrollada"..ainxxxx...cuantos recuerdos...(^_^)...

 
At 1:43 a. m., Blogger Mi campo de Girasoles said...

Ya te digo...

 
At 9:49 p. m., Anonymous Anónimo said...

Olivetti 45 lettera...yo la conservo en su estuche-maleta de color granate..jejeje

 
At 2:24 a. m., Blogger jrrof said...

Hola NuNu leí tu post y me dio por pensar: yo nunca tuve la oportunidad de tener una maquina y menos saber escribir. Una vez diagnosticada mi ELA 2001 mis hijos me regalaron un portátil IBM para que aprendiera a manejarlo, han pasado los años y me defiendo bastante bien a dos dedos faltaría más. Tu papa vende tu Olivetti y yo voy y me hago en Ebay con una Underwood para regalar a mi mujer, ella si estudió y precisamente con esta máquina alemana (siempre la recordaba subaste por ella y me la llevé) ella no sabia nada y llegó el pesado paquete, que será? Un grito de emoción y un beso. Ahora mis nietos la teclean sin cinta ni papel. Aun funciona igual que el primer día. Un abrazo Josep

 
At 1:38 a. m., Anonymous Anónimo said...

Pero todavía no es Julio??
Ya podías plantar dos al mes!!

 

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